Se conoce como chupones a las ramas que nacen en las raíces y troncos de ciertos árboles. Los chupones consumen la savia principal del árbol, mermando su crecimiento y su fruto.
Cuento esto porque este pasado fin de semana me he dado con denuedo a la economía real y lo he pasado cortando chupones a unos olivos que tengo; y coger las tijeras de podar y pensar en
Obama y
Zapatero ha sido todo uno. Los olivos de los que hablo llevaban más de ocho años completamente descuidados y su estado de abandono los había desfigurado completamente. Los troncos recios y de formas caprichosas quedaban ocultos tras su propia maleza hasta conferirle aspecto de arbusto muy alto. Algunos de estos chupones tenían incluso olivas, cosa de la que carecía el resto del árbol. El ejercicio ha sido fatigoso pero gratificante. Las agujetas que aún sufro se recompensan con la impresión de un árbol recuperado, rejuvenecido. Y lo más importante: Albergo la esperanza de una cosecha más fructífera en años venideros.
Los últimos ocho años de liberalismo a ultranza en EEUU han dejado un panorama similar al de mi olivar. Es cierto que las teorías neoliberales se han aplicado en EEUU sin descanso desde mediados de los años cuarenta del pasado siglo, pero quizás nunca con tanta desinhibición del estado como en la era
Bush. Poe eso, echar ahora toda la culpa del hundimiento económico que sufre EEUU a las subprimes (nombre, por otra parte, sospechosamente parecido al del legendario trío femenino negro de la Motown) es tan naif o hipócrita como culpar a MacDonalds del incremento de la obesidad en occidente. Es una explicación complaciente que sólo convence a los propios liberales.
A la lasitud en la regulación financiera en EEUU se le unen la de otros sectores (mencionemos simplemente a ENRON como ejemplo más notorio), la despreocupación total por el déficit público (400.000 millones de dólares en el último año fiscal) a pesar del nulo gasto en materia social, un cambio en la paridad con respecto al euro que no se ha sabido aprovechar; y por no hablar de la política exterior que todos conocemos.
Ahora entra Obama en juego y los agentes económicos internacionales aguardan expectantes sus movimientos. Todos los economistas de lustre, independientemente de su ideología, consideran necesaria una intervención estatal. Los neoliberales, que sin embargo no cejan, señalan que dicha intervención debe ceñirse a la solución de los que ellos han identificado como el problema: Las hipotecas basura. Ese chupón debe ser arrancado, dicen. Pero cuidado con otros, advierten, que dan buenos frutos.
Sin embargo, hay otros que creemos que el actual frenazo de la economía debería ser visto como una verdadera oportunidad de sanear un árbol al que el abandono ha debilitado, al que le han ido creciendo demasiadas chupones sobre su tronco y sus raíces como para deformarlo y mermar su productividad. Obama tiene por delante la oportunidad de coger las tijeras y cortar de raíz las ramas que le han crecido de forma aleatoria sangrando a las sanas y a las realmente importantes y productivas en beneficio propio.
Pero lo que haga Obama está por ver. Mientras tanto, en España tenemos un problema similar, aunque más identificado. Los chupones de nuestros olivos, más conocidos como promotores inmobiliarios, han crecido tanto estos últimos años que se consideran a sí mismos el tronco del árbol. Argumentan que son ellos los que dan los frutos y piden por tanto más riego y abono. Pero les aseguro que el fruto del chupón es siempre de peor calidad. Además, un exceso de chupones reparte tanto la limitada savia que puede acabar por matar al árbol y con él al propio chupón. Pero tampoco se puede convencer a un chupón mediante estos argumentos (el chupón es lo que es), así que es una labor que le corresponde, mal que pese a los neoliberales, atajar al estado.
Tengo la impresión de que Zapatero tiene desde hace tiempo sus tijeras en la mano; mira el olivo mientras se rasca el cogote, dubitativo. En el fondo, y es lógico, tiene miedo de perder las olivas que dan estos nuevos troncos. Y es que han cogido tanta fuerza que el resto del árbol (cuyo tronco principal se ha perdido bajo estos matorrales) ha dejado de ser productivo: Así que no sabe por dónde empezar. De momento se limita a cortar ramas pequeñitas con la ayuda de Solbes, mientras levanta la cabeza constantemente hacia el olivar de Obama, ansioso de que este tome posesión y ver qué hace entonces.
Veremos si se atreven, porque es un trabajo farragoso e ingrato: los chupones se enredan entre sí, pinchan y arañan cuando te acercas, y los más gordos, al ser cortados, pueden caerte incluso sobre la cabeza y lastimarte. Y lo que es peor: los beneficios de un árbol saneado tardan tiempo en reflejarse (a veces demasiado para la vida útil de un político).
Desde mi experiencia, sólo les puedo dar un consejo a ambos: Si de verdad quieren hacer las cosas bien, no les va a bastar con unas tijeras; que se armen de una buena moto sierra.